Ocho ciudades con un denominador común: la buena mesa. Cada una con sus peculiaridades, pero todas unidas por las ganas de compartir, porque el buen comer en estas capitales gastronómicas, es una forma de vida. Son ocho maravillas donde patrimonio, cultura y cocina maridan a la perfección; ocho visitas indispensables para conocer la identidad gastronómica de Extremadura.
Insuperable destino, espejo de los fogones de tres culturas -árabe, judía y cristiana- donde se entremezclan con elegante naturalidad experiencias como degustar tapas de patatera con miel, flan de Torta del Casar o dulces a base de almendras y miel, en un marco patrimonial y cultural como ningún otro.

Elegancia señorial, festival folk y tradición de cerveza artesana. Capital de cocina serrana, sefardí y cristiana que te ofrece su tradicional mercado de sabores y un sinfín de restaurantes, bares y tabernas, arropados por una poderosa muralla y sus dos catedrales, y potenciados por la Escuela Municipal de Cocina, donde degustarás joyas gastronómicas como su zorongollo -ensalada fría de pimientos- truchas del Jerte, queso fresco con miel y derivados de cereza, entre otras delicias culinarias.

Maridajes de queso y vino, carnes de retinto y caza, sopas caseras y embutidos que en la fiesta del “Chíviri”, para los trujillanos, son el oro de los Incas, traído del Nuevo Mundo. Moraga -carne a la brasa- y fantásticas migas para luego perderte por calles que recorrieron de niños Pizarro y Orellana y descubrir murallas, aljibes y palacios medievales, saboreando dulces conventuales y miel. Cuando subas al Castillo, silencio… la tierra habla de queso, con denominación de origen.

Pide setas y guisos de toro de lidia, paletilla de cordero y “quico” -producto de matanza-. Aceite serragatino, verduras y hortalizas frescas de la fértil Vega del Alagón, “mojos” y “escabeches” de bogas, barbos y tencas; coquillos, floretas, perrunillas, bolluelas, etc.; no te pierdas los dulces, de las monjas franciscanas, del Convento de la Madre de Dios y los populares ‘’mantelinos”, que rememoran el Sagrado Mantel de la Última Cena, custodiado en el Museo de la Catedral.

Moderna ciudad con regusto tradicional, incluida en el prestigioso grupo Saborea España. Su casco antiguo te ofrece guisos con fogonazos de vanguardia y aroma intenso hispano-luso. No pararás de tapear y degustar cualquier alimento con apellido ibérico y buena selección de arroces y bacalao. Capital donde gran variedad de tostadas -las más básicas de aceite, jamón y tomate protagonizan enérgicos desayunos, a orillas del Río Guadiana.

ALCAZABA DE BADAJOZ, BADAJOZ, EXTREMADURA.
Sigue la ruta gastronómica de platos fríos: gazpacho, ajoblanco, cojondongos y zorongollos. Desayuna despacio y bien, como un auténtico emperador, las tostadas más espectaculares: pan, aceite y jamón extremeño, tomate, queso, cachuela, y lo que puedas imaginar. Saborea tapas romanas fusionadas con mulsum -vino romano-, arte, cultura, deporte y música y conoce la Vía de la Plata, en la Capital Iberoamericana del jamón ibérico, la presa y la pluma o el secreto a la parrilla.

Descubre escondites deliciosos de repápalos con leche, tocinillos de cielo, dulce de membrillo, corazones de obispo o bollos de chicharrón y aceitadas; y saborea la tradición ganadera del pestorejo, cachuela, adobo o guarrito frito. Recorre sus plazas Grande y Chica porticadas que, en junio, “De la Luna al Fuego”, revolucionarán tus sentidos al son de chanfaina, revoltillo de cordero o cabrito y afamados vinos “de pitarra”, conejo y liebre con arroz o perdices y codornices estofadas o escabechadas.

No te pierdas esta sureña ciudad templaria de dehesa, campanarios y conventos barrocos, en cuyos restaurantes, posadas y bares los mejores jamones de bellota del mundo cuelgan del techo hasta dar sombra. Disfrutarás de pluma y secreto ibéricos impecables, quesos, setas, “arroz a lo cafre”, perdiz estofada, caldillo y excelentes embutidos. Remata tu visita con sus deliciosos postres típicos, como dulces jerezanos, bollos turcos o pestiños con miel o azúcar.
